Las Vegas-NV El proyecto de los Atléticos va viento en popa rumbo a Las Vegas. La más reciente señal de esa estabilidad es la extensión de contrato de Jacob Wilson, el campocorto que explotó en la temporada 2025 y terminó segundo en las votaciones al premio Novato del Año.
Wilson se convierte en el último nombre de una cadena de extensiones que incluye a Brent Rooker, Shea Langeliers y Nick Kurtz, una muestra clara de que la organización ya dejó atrás la improvisación y apuesta por continuidad. No se trata solo de retener talento, sino de definir un núcleo competitivo que llegue armado a su nueva casa.
El impacto de Jacob Wilson como custodio de las paradas cortas es especialmente relevante. Desde los tiempos de Bert Campaneris, los Atléticos no contaban con un campocorto con este nivel de producción integral. Campaneris, en su temporada de novato en 1964, bateó alrededor de .260, aportó velocidad, defensa élite y juego inteligente, aunque con un poder limitado, acorde a la época. Wilson, en el béisbol moderno, cerró su gran campaña con promedio por encima de .280, mejor porcentaje de embasado y un slugging notable para la posición, sin sacrificar solidez defensiva.
Las cifras no pretenden coronar a Wilson por encima de una leyenda histórica, pero sí ubicarlo en un contexto claro: no se veía un campocorto tan completo en esta franquicia en más de medio siglo. Eso cambia la narrativa del equipo y eleva sus aspiraciones reales.
El fortalecimiento del proyecto es evidente. Los Atléticos han pasado de acumular piezas a comprometerse con ellas, algo imprescindible para competir de manera sostenida. De cara a su llegada a Las Vegas, el mensaje es claro: no será un equipo en reconstrucción, sino uno con identidad, bases sólidas y ambición legítima. Jacob Wilson no es una promesa; es una pieza central del futuro inmediato.

