La temporada 2025 dejó claro que Jacob Wilson puede jugar en Grandes Ligas. El novato de los Atléticos no necesitó del poder descomunal ni del swing violento para llamar la atención. Su carta de presentación fue otra: contacto constante, pocos ponches, turnos competitivos y una producción ofensiva que, en términos generales, fue positiva para un jugador en su primer año completo.
Wilson cerró con un OPS cercano a .800, una cifra respetable en cualquier contexto, pero que adquiere un matiz particular cuando se analiza desde la óptica del béisbol moderno. Hoy, el OPS no se evalúa solo como un número final, sino como el reflejo de cómo se construye la ofensiva. Y en ese punto aparece el debate.
El perfil de Wilson está claramente inclinado hacia el contacto. Se poncha poco, algo cada vez más raro en la MLB actual, pero también recibe muy pocos boletos. Su porcentaje de embasado depende en gran medida del promedio de bateo y no tanto de la disciplina en el plato. Eso lo convierte en un bateador eficaz cuando los hits caen… y vulnerable cuando no.
Aquí es donde el béisbol dominado por la sabermetría levanta la ceja. Los modelos analíticos priorizan la sostenibilidad del OBP, y eso se logra más fácilmente caminando que bateando por encima de .300 de forma constante. Por eso, aunque estos bateadores siguen siendo apreciados dentro del juego, no son el arquetipo favorito en un entorno gobernado por los numeritos.
La comparación con Luis Arráez resulta inevitable. Ambos comparten rasgos claros: contacto élite, bajísima tasa de ponches y una ofensiva basada más en la habilidad que en la fuerza. Arráez ha sido campeón bate en múltiples ocasiones y, aun así, su perfil también ha sido cuestionado por su bajo volumen de boletos y poder limitado.
La diferencia clave es el historial. Arráez ha demostrado durante varias temporadas que puede sostener promedios extraordinarios, algo que le permite sobrevivir —e incluso destacar— en un ecosistema que no está diseñado para jugadores de ese molde. Wilson todavía está en la etapa donde debe confirmar que su producción no fue solo el resultado de un año particularmente favorable.
Esto no invalida lo hecho por el novato en 2025. Al contrario, lo coloca en una conversación más exigente. Wilson ya probó que puede producir a nivel MLB. El siguiente paso no pasa necesariamente por pegar más jonrones, sino por ensanchar su perfil ofensivo. Un aumento moderado en boletos elevaría su OBP, estabilizaría su OPS y reduciría la dependencia extrema del promedio.
En el béisbol actual, los bateadores de contacto siguen siendo útiles, pero caminan contra la corriente analítica. Jacob Wilson representa una escuela que aún existe, aunque vive bajo sospecha estadística. Su reto será demostrar que el contacto, bien gestionado, también puede ser eficiente, sostenible y medible.

