El conjunto verde y oro cierra la primera mitad de la campaña sumido en una profunda crisis tras ganar apenas uno de sus últimos diez compromisos.
Las Vegas— Las alarmas se han encendido al máximo nivel en el seno de la organización. Justo cuando la pausa del Juego de Estrellas debía servir como un oasis de calma, los Atléticos se marchan al descanso sumidos en una espiral autodestructiva que amenaza con descarrilar por completo la temporada. Con el último revés sufrido este domingo ante los Medias Blancas de Chicago, el equipo selló una semana negra, extendiendo su racha de derrotas consecutivas a nueve y firmando una alarmante foja de 1-9 en sus últimos diez compromisos.
El colapso ha sido absoluto. Una ofensiva completamente apagada y un cuerpo de lanzadores que promedió una efectividad superior a las siete carreras permitidas por encuentro en esta última decena de choques han dejado al equipo con una marca de 41-55, hundido en el sótano del standing. Si bien la plaga de lesiones justifica parte del declive, la pasividad en el dugout y en las oficinas ya no es una opción tolerable para la fanaticada.
El hospital que desmanteló al roster
Es imposible analizar la crisis actual sin revisar un parte médico que se asemeja más a un reporte de guerra que a una lista de lesionados. Las bajas han golpeado la columna vertebral del equipo en los momentos más inoportunos:
Brent Rooker (DH), Zack Gelof (INF) y Nick Kurtz (1B) , Tyler Sodestrom (OF) son los principales nombres que han perdido Los Atléticos y que ahora mismo no se encuentran disponibles.
Hora de agitar la coctelera
Con 13 reveses en sus últimas 14 presentaciones, el timonel Mark Kotsay y la gerencia general no pueden sentarse a esperar que el tiempo sane las heridas del roster. La tregua de mitad de temporada debe transformarse en el escenario ideal para ejecutar movimientos agresivos y revolucionar el plantel.
Los Atléticos disponen de cuatro días de tregua para mirarse al espejo y redefinir su rumbo. De regresar a la actividad el próximo viernes replicando los mismos vicios, la presente campaña no solo será recordada como un año de transición, sino como un auténtico calvario histórico. Es hora de agitar la coctelera, asumir riesgos y cambiar la dinámica antes de que sea demasiado tarde.
Toca crear un plan de rescate para un barco que se hunde y del cual Shea Langeliers no puede tirar solo. Además, se debe dejar la eterna confianza en el resurgir de Lawrence Butler, quien está envuelto en un slump interminable y que no vislumbra final.

